
El paso de San Lorenzo por el Mario Alberto Kempes dejó un sabor amargo y más dudas que certezas. Tras una seguidilla agotadora de encuentros, el conjunto dirigido por Damián Ayude mostró una pésima faceta defensiva, cediendo la iniciativa a un Talleres que, aunque dominante en la posesión, careció de profundidad durante gran parte del duelo.
En el primer tiempo, el planteo del «Ciclón» fue de neto aguante. Mientras la «T» movía los hilos del juego sin lastimar. El partido cayó entonces en un bache de imprecisiones, donde el roce físico superó a la creatividad futbolística.
La tónica se mantuvo en el complemento, con un San Lorenzo que parecía conformarse con la paridad, aunque los errores ajenos le brindaron chances de oro:
El error de Cuello: Tras un envío largo de Gill, el delantero quedó en una posición inmejorable frente al arco, pero la falta de pericia técnica le impidió definir.
La ráfaga de los cambios: Los ingresos de Reali y el juvenil Gulli le dieron un aire fresco al ataque. De hecho, Gulli tuvo el triunfo en sus pies tras un fallo defensivo local, pero nuevamente Herrera se vistió de figura al tapar tanto su remate como el rebote posterior.
Pese a contar con nuevas caras en el plantel, el funcionamiento colectivo de San Lorenzo sigue siendo una materia pendiente y al técnico se lo ve cada vez más perdido. Raramente alguna vez se ha visto un equipo que, con el pasar de las fechas, juegue peor y no mejore nada.
Más allá del punto obtenido, la preocupación radica en la ausencia de una identidad clara. Bajo el mando de Ayude, el equipo parece priorizar la acumulación de puntos por sobre el desarrollo de una propuesta sólida, dejando una sensación de desconcierto en una hinchada que espera ver, finalmente, la mano del entrenador.
