
Marcelo Culotta llegó a la presidencia de San Lorenzo después de años de recorrer un camino distinto al de la política tradicional del club. Su nombre estuvo históricamente asociado a la lucha por la Vuelta a Boedo, a la militancia de base y a una forma de participación que muchas veces se construyó por fuera de los grandes aparatos políticos que dominaron la vida institucional azulgrana durante la última década. Quizás por eso una parte importante de los socios depositó en él algo más que un voto. Depositó una expectativa. La expectativa de que sea posible gobernar San Lorenzo de otra manera.
Sin embargo, la realidad tiene sus complejidades. Porque para llegar hasta donde llegó, Culotta también tuvo que construir una estructura política. Su lista incluye dirigentes con experiencia institucional, armadores, referentes de agrupaciones y actores que conocen perfectamente las reglas del juego de la política interna del club. Y probablemente no podía ser de otra manera.
Es difícil combatir un sistema sin comprenderlo. Más difícil aún hacerlo sin utilizar algunas de las herramientas que ese mismo sistema desarrolló durante años. La diferencia estará en el uso que haga de ellas. A partir de ahora comenzará la etapa más difícil. La campaña terminó. Llegó la gestión. Y San Lorenzo no es un club sencillo para aprender sobre la marcha.
Las operaciones políticas ya empezaron. Los pases de factura también. Habrá sectores que colaboren y otros que esperen el primer error. Habrá intereses cruzados, disputas de poder y tensiones permanentes. Exactamente las mismas que enfrentaron quienes lo precedieron. Por eso el verdadero desafío de Culotta no será ganar una elección. Eso ya lo logró. El desafío será demostrar que estaba preparado para gobernar. Porque una cosa es señalar durante años los errores de quienes estuvieron antes. Otra muy distinta es sentarse en el sillón presidencial y resolver los problemas cotidianos de una institución tan compleja como San Lorenzo.
Los socios eligieron un cambio. Las urnas hablaron con claridad. Ahora llega el momento de comprobar si ese cambio era solamente una alternativa electoral o si efectivamente puede transformarse en una nueva forma de conducir el club. Por el bien de San Lorenzo, todos esperamos que la respuesta sea positiva. Porque si Marcelo Culotta está preparado para el desafío, el club habrá encontrado una oportunidad para iniciar una etapa diferente. Y si no lo está, el problema ya no será de Culotta.
Será de San Lorenzo.

Hola Carlos,espero que no sea la continuidad de todo este quilombo,realmente en poquitos días me quedé decepcionado ,por como llevo lo de Álvarez ,está claro que tienen que bailar con la más fea,pero alguna vez por todas ,los dirigentes tienen que entender que los representantes y gente poderosa que pone la guita ,son los que mueven los hilos.Es una cuestión de desgaste que el socio e hincha está lleno .Espero que hagan mejor las cosas en este año y medio que resta