
En San Lorenzo volvimos a presenciar otra muestra de desinterés y especulación por el destino del club. La tan anunciada Asamblea Extraordinaria para tratar la sanción, inhabilitación y expulsión de Marcelo Moretti terminó naufragando por algo tan básico como preocupante: la falta de quórum.
Mientras el hincha exige respuestas, transparencia y medidas ejemplares frente a los hechos que golpearon duramente a la institución, la clase política y los representantes de los socios prefirieron el camino del ausentismo.
La excusa fácil de culpar a factores externos duró poco. Esta vez, la AFA no llamó ni intervino para frenar o posponer la reunión. El camino estaba despejado para que la política de San Lorenzo diera la discusión de cara al socio, pero el freno de mano se puso estrictamente desde adentro.
Se habló mucho en los pasillos, se emitieron comunicados y se alimentaron las redes sociales con declaraciones altisonantes, pero a la hora de juntar el respaldo, coordinar la planilla de adhesiones y sentarse en las bancas a poner el cuerpo, el compromiso desapareció.
Mientras, Moretti se beneficia del ausentismo y de la falta de firmeza de un cuerpo de asambleístas que prefirió dejar pasar la fecha antes que sentar un precedente.
